La navidad como mito.
Mi inclinación, como maladaptado al fin, es condenar esta época como una orgía de consumo inconsciente. Pero empiezo a ver algunos méritos en tanta celebración, aunque probablemente nunca deje de quejarme de ello.
Los que vivimos en el hemisferio norte tenemos razón cósmica para celebrar la marcha hacia otra primavera. Es natural que las noches frías nos hagan desear el calor de quienes conocemos. Y parece necesario que demarquemos, en algún tiempo, el que sea, el final de algo y el comienzo de otra cosa. Tenemos que renovarnos.
Necesitamos del mito navideño en el sentido de que todos necesitamos de un nacimiento, prodigioso como el de la historia bíblica, para recordarnos del propio potencial. Todos somos milagros que esperan la manifestación.
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