Cambio de dirección, segunda parte.
Las mudanzas son pequeños desastres. Yo lo sé, que he pasado por muchas. En cada una se pierde y se gana. Se quedan pedazos de uno regados por los lugares que habitó, pero así mismo se siembra en nuevas tierras: unas semillas germinarán y echarán raíces; otras no.
Es como si uno tomara todas las partes que componen la propia identidad --esa armazón ilusoria-- y se las separara para volverlas a armar, siempre de otra manera, en otro lugar.
Se aprende mucho. Se botan muchas cosas que no sirven y se adquieren otras que pueden o no ser necesarias. Descubre uno que si pone el sofá en otro ángulo o la cabecera de la cama apuntando hacia el este, por ejemplo, se desahoga muchísimo el espacio personal. O que otro color de pintura da un aspecto refrescante al ambiente. Y tal vez (tal vez, porque nunca se sabe) una de esas mudanzas sea la última: la rivera que te llevará a la otra orilla, definitiva y final.
Por esas y otras razones --porque mudarnos es parte de nuestra evolución misma--, las mudanzas son desastres necesarios.
Este blog se muda. Pronto estará en http://www.libro-abierto.com
Les pido paciencia, mientras empaco y desempaco.
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