Caminar es un placer.
Poner un pie delante del otro, impulsarse con facilidad, inhalar y exhalar, rastrearlo todo. Moverse sin dejar un rastro de contaminación, y darse cuenta de que es mejor andar sobre las plantas que sobre unas ruedas de caucho.
Caminar es un placer. Y es bueno: saludable, energizante, relajante. Es una manera de relacionarnos con el mundo: ver el pasto húmedo con el rocío de la noche, oler la brisa fresca de una mañana, dejar que el sol estimule los poros. Caminar es un placer.
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