lunes, julio 09, 2007

Salvar el planeta, sin inconveniencias.

Llámenme pesimista, pero con cambiar dos o tres bombillas no transformaremos el mundo.

Está de moda el ambientalismo, tras el éxito del documental «Una verdad inconveniente» sobre el calentamiento global. El televidente promedio tiene una idea de qué es el cambio climático.

Pero las soluciones que se proponen son risibles.

Se habla de cambiar a bombillas eficientes, instalar luces solares y reducir un poco el consumo. ¿Pero qué es la energía de una bombilla en comparación a millones de acondicionadores de aire, refrigeradores, televisores, computadoras, rasuradoras, tostadoras, estufas, lavadoras, secadoras y hasta camas con funciones eléctricas? ¿Qué de todos esos vehículos que son el equivalente de zancudos chupadores de petróleo? ¿Qué de todo este mundo de consumo y desecho?

El famoso concierto global por el medio ambiente se presentó el día siete del mes siete del año siete como un llamado a la concientización. En los siete minutos que aguanté verlo, Enrique Iglesias mugía ante un micrófono. ¿Y, díganme, qué de todas esas luces de tramoya? ¿Qué de todos esos amplificadores? ¿Qué de todos esos vehículos que consumieron gasolina para llevar gente a los estadios? ¿Qué de los televisores, los satélites, las estaciones, que contaminaron el medio ambiente para llevar esas canciones al aire?

Muy buena distracción, pero el cambio exigiría mayores sacrificios.

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