
Uno ve una gorda del colombiano Fernando Botero y reconoce en ella una apreciación voluptuosa y erótica que trasciende a las primeras impresiones. Él las humaniza más allá de la distorsión física y los pliegos de celulitis -- y humanizándolas a ellas humaniza al espectador que se ve forzado a examinar sus impresiones.
Yo esperaba una experiencia similar cuando empecé a leer "El susurro de la mujer ballena", una novela del peruano Alonso Cueto que debió delatarse por su título. Pero esta trama, que involucra la reaparición de una amiga obesa en la vida de una mujer esbelta y de carrera exitosa, trae una apreciación de la mujer gorda que no difiere a la predominante antes de que apareciera el nuevo esquema de Botero.
Cueto nos presenta a la mujer gorda en toda su aberración: fea, pesada, resentida, antisocial y amenazante. El lenguaje desapegado que me pareció genial en "La hora azul", su otra novela sobre las reverberaciones de una época oscura en el Perú, parece un examen quirúrgico, despiadado y doloroso en esta narración.
Tal vez es culpa de Botero, pero yo esperaba un viaje distinto a la interioridad de la gordura, ese testimonio aparente de los excesos de nuestra época.
(Fotografía es cortesía de El Tecnorrante)


9 comentarios de los lectores:
Botero en sus pinturas le brinda mucho amor a las gorditas, aunque a través de ese amor las convirtió en objetos como se les convierte en objeto a las esbeltas.
Me imagino el shock que sentiste al leer las descripciones de Cueto, el estar condicionado a la imagen dulce de las gorditas no te ayudó. No nos queda de otra que apreciar las obras por separado, ignorando los simbolos que representaban en otras ocasiones.
Saludos softbolero, espero que hayan llegado lejos.
Aparentemente, los clichés tienen más salida que los Boteros.
Saludos.
Hola, gracias por tu visita a mi blog. Yo también llegué a ti a través de Rosa Silverio, había visitado tu blog un par de veces antes pero hasta que no leí la entrevista que ella te hiciera no quedé, por decirlo de alguna manera, prendida a tu blog, pues hasta ese momento no lo leí detenidamente. Me pasé toda una tarde leyéndote y ahora ando a la caza de tu libro. Por ahí tengo algunos cuentos escritos, sería maravilloso que pudieras leerlos y me dieras tu opinión.
Hasta la próxima.
Hola, Víctor Manuel.
Pero... ¡Las personas gordas no son feas, resentidas, antisociales y amenazantes! Eso no es más que un cliché, tal y como señala el respetable Señor Oggi.
Yo he conocido a personas gordas que viven con mayor contentura que yo, que desde que aumento una libra ya tengo una depre.
Hay personas de talla grande de todos los tipos, las hay que se consideran feas, otras que son feas de verdad (aunque eso de la fealdad es algo subjetivo), otras que son alegres, otras tristes, otras amenazantes, y otras cariñosas e inofensivas.
Hubiera sido interesante que el escritor se acercara con una mirada distinta hacia la gordura, lo que me recuerda ese período del arte en el que los artistas apreciaban las curvas y la exuberancia física. Por eso nos gusta tanto la obra de Botero, porque él se acerca a la gordura desde un punto más lúdico, humanizando a los gordos, en lugar de burlarse de ellos ridiculizándolos o reduciéndolos a una condición miserable y abyecta.
Un gran saludo, Víctor.
Ro
Saludos. Gracias por sus comentarios. Yo agregaría que este enlace que creé entre Botero y la novela de Cueto puede ser cosa muy mía y hasta cierto punto injusto a ambos. Pero más que condena es una yuxtaposición que me permite mirar los contrastes entre distintos aspectos de la gordura en el arte. Nada más.
Baakanit -- Hola. Podríamos decir que cualquier arte plástica te convierte en objeto, pero me parece que hay una diferencia entre el tema artístico y la explotación estrictamente comercial. Claro, hay puntos donde las dos formas se tocan, como me parece que sucedía con el arte del español Dalí, muy a conciencia de él.
Oggi -- Como aclaro, esta puede ser una comparación artificial de mi parte. Recomiendo que a los que le interesa el tema lean la novela, porque se lee bien, y decidan por sí mismos.
Marie -- Me alegra que vengas por aquí. Rosa es un nexo importante entre muchos de nosotros. Si quieres enviarme algún cuento mi dirección electrónica está al pie de la página. Por lo que veo de tu blog, disfrutaré leerlo.
Rosa -- A eso voy... Aunque también se me ocurre que hay gordas de todo tipo y el arte debe admitirlas a todas, como a las flacas. Uno no debe decirle a un escritor cómo escribir, pero me hubiera gustado que a la par de esa mujer amargada que presentó este libro se hubiera presentado en mayor detalles otros aspectos de ella.
No conocía al escritor Alonso Cueto, pero sí al escultor Fernando Botero de quien tenemos en Barcelona un par o tres orondas y voluptuosas figuras. Prejuicios hay de todo tipo. Hay quien pinta a las gordas como bonachonas, tranquilas y generosas, y he de decir que tengo una una cuñada bastante rellenita que responde a ese estereotipo. Nunca tiene prisa para nada y siempre llega tarde. Es puro corazón. Es un prototipo del que Botero hace tan sensacional representación. En este caso el tópico es real. Habrá quien representa lo contrario como Alonso Cueto. Una vez leí en que para ser verosímil, había que meter alguna inverosimilitud en los relatos. La vida es tremendamente extraña y necesita de lo extraordinario.
Hola Víctor. Disculpa el retraso en responderte. El correo sigue ahí. Es el único establecimiento que sigue ahí.
Gracias por pasar por ahí.
Yo he sido gordita toda mi vida..desde los 18 años y tengo 48..no soy obesa, solo rellenita..no me puede quejar de mi vida..siempre he tenido la suerte de tener amistades, citas, propuestas de matrimonios, etc...mi gordura nunca ha sido una barrera. He tenido novios flacos, gorditos, normales etc..mi esposo es gordito igual que yo..no lo cambio por ningun flaco..
Le cuento que he caído en ésta página de casualidad, porque buscaba bicicletas apropiadas para mujeres de tallas grandes. Me he encontrado con éste debate en donde quiero dejar algo escrito.
Respecto a los gordos, hay demasiados clichés, la mayoría son falsos. Ven al gordo o a la gorda y ya echan a andar la maquinaria de su fimaginación y se ponen a pensar mil cosas.
DEcirles que pertenezco al mundo de los que ya están pasaditos de peso y mi esposo sí que pertenece el al mundo de los gordos. Y contarles que a veces resulta difícil. Con tanta gente gorda que hay en éste mundo y todavía hay quien se asombra de ver a un gordo caminando por la calle. Da igual la dimensión de su gordura, si se pasa de los estereotipos que ésta sociedad tan superficial ha implantado; es considerado como gordo.
Y si, es cierto que el "mundo" de los gordos hay de todo, pero que no todos somos negativos, o malhumorados, o feos, o sucios, o nos alimentamos de comidas grasientas. Es necesario deshacerse de los clichés, por eso yo lucho día a día porque algún día ya dejen de mirarnos como bichos raros.
Más raro hallo yo a alguien que deja de comer por las apariencias y no por mantenerse saludable y se gasta luego el dinero en productos Light y en ropa de marca (carísima, eso sí) y luego en casa tienen escondidas barras de chocolate en las gavetas (cajones) y comen cuando nadie les ve. Los peores, luego van y se meten el dedo en la garganta. Eso sí que es un asco.
Mientras mantengo mi dignidad aunque tenga sobrepeso,Seguiré luchando.
Saludos,
Patry
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