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Mesías.

El Mesías de Handel, además de ser un oratorio que sobrevive a los siglos por sus cualidades musicales, contiene un relato de trama dramática: con todos los ascensos y descensos de una buena historia.

Lo escribió Charles Jennens, libretista de otros oratorios de Handel, haciendo una selección de Escrituras biblícas que anuncia al Mesías, relata su sufrimiento y sella su destino como Rey de reyes y Señor de señores.

Handel hizo la magia de la música; limpia y fluida.

La combinación de relato, música y voz del Mesías extasía hasta al expectador más ateo, siempre y cuando sea sensitivo.

Me encontré envuelto en el Aleluya en pleno recital, y proclamé con el coro el reino del Mesías por siempre y para siempre.

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¿No fue Paul Claudel quien se convirtió al oír un magnificat en la catedral de Nôtre Dame? Desgraciadamente estos oratorios u otras piezas sacra de alto valor musical y humano han dejado de revelar su sentido último a un mundo tan banalizado como el nuestro. Entiendo que el alma se conmueva con tales piezas, pero para ello hay que estar previamente predispuesto a ser conmovido, a ser hallado. Y aunque no creamos en su sentido religioso, no hay duda que son cimas de la creatividad humana cuando piensa lo trascendente. Saludos, amigo.

ja ja ja! Me encantó el último párrafo. Debe ser realmente genial escuchar eso.

Un abrazo.

Hay veces en las que el relato de una cosa nada tiene que ver con la cosa misma. Belleza sin más.

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