sábado, marzo 25, 2006

Reflexión a medio camino.

La muerte pone en perspectiva el significado de la vida como pocos aspectos de la realidad. Nada más hay que hablar con alguien que batalla alguna enfermedad maligna, y que contempla su propio fin, para conocer que una persona en esa situación sabe exactamente por qué quiere vivir. Los que gozamos de vitalidad nos confundimos más ante la multitud de opciones que creemos tener.

La realidad es que la vida es corta. El futuro se construirá más rápido de lo que parece y tenemos en frente el reto de determinar qué haremos de sí mismos. ¿Acumularemos cosas? ¿Nos distraéremos hasta el olvido? ¿Perseguiremos honoríficos?

¿Viviremos a plenitud? Son cuestiones que nos conciernen por el simple hecho de ocupar espacio sobre la tierra. Vivir es un privilegio, aunque demasiadas veces no nos enteraremos hasta que estemos a punto de perderlo.


El sitio principal de este cuaderno se encuentra en http://www.victormanuelramos.com

domingo, marzo 19, 2006

La vida tiene sentido.

Hace poco me enteré por un blog de un libro que se llama «El hombre en busca de sentido». No resistí la sed que me provocó y fui a buscarlo para concluir mis vacaciones con su lectura. Lo devoré en menos de veinticuatro horas.

Este libro --que primero se publicó en Austria bajo el título «Ein Psycholog erlebt das Konzentrationslager»-- empieza con el recuento que hizo el psiquiatra Viktor E. Frankl de los horrores que vivió cuando era prisionero en los campos de concentración nazis (y horrores fueron). Yo leí la traducción al inglés.

A diferencia de otros tratados históricos y políticos, el relato de Frankl no se propone la denuncia de injusticias, sino que es un retrato íntimo de lo que sucede cuando al hombre se le somete a las crueldades más extremas.

Las observaciones que resultan de su vivencia son sorprendentes y constituyen una verdadera fuente de inspiración en una sociedad que cada vez se encuentra más a la deriva en un mar de superficialidades. Frankl emergió de la tragedia que fueron los campos de concentración con un optimismo a prueba de todo, con un optimismo que no es negación y que reconoce el valor de la vida a pesar de todas las dificultades y sufrimientos. Optimismo trágico, le llamaba él.

Frankl descubrió que la búsqueda de significado es un impulso primario del ser humano y que al encontrar ese significado --único para cada uno de nosotros-- se destapa una fuerza increible. Quien entra en contacto con su significado puede sobreponerse a las peores condiciones de vida y hacer lo mejor de ellas.

Así lo decía él (la traducción es mía):

“La manera en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que este implica, la manera en que él toma su cruz, le da oportunidad amplia --aun bajo las circunstancias más difíciles-- para añadir un significado más profundo a su vida. Puede ser valiente, dignificado y altruista. O en la lucha amarga por la preservación propia él puede olvidar su dignidad humana y convertirse en nada más que un animal”.


Lo que nos trajo Frankl con esas observaciones, y la disciplina psiquiátrica de la logoterapia que estableció en base a la búsqueda de significado, fue un reto a que cada cual atienda a los asuntos que le presenta su vida, para que encuentre el sentido de su existencia y se haga responsable de realizarlo.


El sitio principal de este cuaderno se encuentra en http://www.victormanuelramos.com

viernes, marzo 10, 2006

Del campo, los suburbios y la ciudad.

Hoy estoy en Nueva York. Escribo desde la sala del apartamento de mi madre, desde donde se ve el Empire State Building y los muchos horizontes que crean los edificios -- y no es que regrese a vivir para acá ni que me arrepienta de irme hace más de un año (al contrario), pero yo veo belleza también en el conglomerado humano. Hay un dinamismo y una insistencia de vida que contrasta con la fealdad de la arquitectura pragmática y economizadora.

Lo que quiero decir es que sí, es cierto, no se compara el horizonte rasgado por las siluetas de los edificios con el de los árboles de pino y palmeras que veo por donde resido ahora, pero la belleza es algo más que un cuadro bucólico.

La belleza está en nosotros. Igual que la fealdad.

Es más: La vida puede cambiar y cambiarnos de manera radical sin mudarnos de lugar. El cambio de lugar, si fuere necesario, es algo sucesivo, resultante, y no el catalizador de la transformación.

De darse el asunto a la inversa, de buscar nosotros la transformación por medios externos, regresaremos inevitablemente al punto de partida. Otro escenario, otras gentes, los mismos retos.

Un abrazo neoyorquino a todos.



El sitio principal de este cuaderno se encuentra en http://www.victormanuelramos.com

miércoles, marzo 08, 2006

Los lugares que fuimos.

A veces me parece
que vivo en Brooklyn
y que el tren jota pasará muy cerca de la ventana.

O que me apresuro
por la calle empedrada
de mi viejo barrio
santiaguero,
camino al colegio,
porque se me hace tarde para la clase de dibujo.

O que el estacionamiento subterráneo
guarda un espacio para mi vehículo,
que llega chorreando
los caños de la última lluvia.

Todavía veo aquellos pasajeros
que iban y venían
todas las mañanas
por el parque de los chachases,
o los niños que comían huevos salcochados
en la frontera con Haití.
Viajo por la carretera oscura entre Albany y Nueva York.

Los lugares que nos afectan
viven en nosotros,
aunque nosotros
no estemos en ellos.

Y no tengo más
que estacionarme
unos minutos
frente al último edificio en que vivimos,
a preguntarme
si todavía hay una plaga de cucarachas
en el segundo piso,
o si el amistoso vecino
deja revistas viejas
frente a mi puerta –
si no es que murió.

Nosotros,
los migrantes,
andamos esparcidos por el mundo.


(Orlando, Florida).


El sitio principal de este cuaderno se encuentra en http://www.victormanuelramos.com

domingo, marzo 05, 2006

La novela y el escritor.

Gabriel García Márquez repetía una vez el enunciado de que escribir un cuento es vaciar en concreto y escribir una novela es pegar ladrillos. Escribir ficción es, desde ese punto de vista, trabajo de construcción.

Es una metáfora interesante, especialmente para aquellos de nosotros que nos hemos visto embarrados de cemento entre las ruinas de alguna novela en construcción. La novela no es nada fácil. Aún cuando existe el talento para hilar oraciones y parir imágenes (ya de por sí un reto), nadie escribe un tratado de cientos de páginas en un rapto de inspiración-- como sucede con una poesía, o a veces con un cuento.

El novelista es arquitecto, ingeniero, albañil y jardinero de su proyecto. Tiene que dominar lo conceptual y lo práctico para que cuando se entregue en alas de la inspiración se dé una narrativa coherente, de principio a fin. Esto lo digo después de numerosos intentos fallidos: Escribir una novela que se diga novela es algo serio.

En esa misma complejidad late el potencial del género, y su atracción.


El sitio principal de este cuaderno se encuentra en http://www.victormanuelramos.com

¿Te gusta lo que lees?
Déjame tu dirección para avisarte de nuevos escritos:

Cortesía de FeedBurner