Viernes Santo, un año atrás.
Hace un año escribía yo -- aquel yo -- una carta a alguien, en Viernes Santo, y esto fue lo que salió, que no es lo que saldría si lo escribiera hoy:
Es viernes santo y, aunque no creo en nada, recuerdo aquel espacio de mi niñez en que el ambiente trastocado de la fe me hacía creer que este día realmente era especial. Era el único día del año en que las emisoras de radio silenciaban la cacofonía de merengues para poner música de muertos, como le decíamos entonces a los clásicos. Ese día no se trabajaba, ni siquiera para barrer el polvo fino que se asentaba en la madera oscura de las mecedoras. Ese día comíamos habichuelas con dulce y galletitas de leche. Ese día nos portábamos bien y guardábamos luto.
Se decía que si en ese día se arrancaba de raíz una planta que se llama “Cardo de Cristo” saldría sangre de sus raíces y tallo espinoso. La sangre de Cristo. Ese día la misma tierra estaba viva y tenía uno que cuidarse de no pisar muy duro para que no le doliera al ser sagrado que la habitaba.
Aquello parece otra vida que tuve hace siglos, aunque no hace tanto. Y es tal vez en esa vida donde se encuentran también mis raíces narrativas. Una parte de mi todavía ve el mundo como un gran ser vivo que está lleno de misterios. La otra parte, tallada por más de una década de experiencia periodística, es completamente escéptica y hasta cínica.
Escribo desde esos dos polos, sin que haya todavía un balance.
Este comentario es parte de «El deseo de pertenecer», una serie ocasional sobre la fe, la religión y el culto que se manifiestan como el deseo de pertenecer a algo mayor que nosotros mismos.
Etiquetas: catolicismo, El deseo de pertenecer, espiritualidad, viernes santo




Esa parte tuya que ve el mundo como un ser vivo lleno de misterios ¡me gustó! Es el ingrediente mágico, cálido y humano de tu presente.
Escrito por
Isa |
15 de abril de 2006 05:12:00 PM EST
entonces... si la escribieras hoy... ¿obtendríamos el tono de una fe renovada?
Escrito por
César Andrés Ramírez G. |
15 de abril de 2006 05:54:00 PM EST
Puedo comprender lo que dices. Recuerdo las larguísimas procesiones de mi infancia en viernes santo. Yo vivía en la ciudad, pero era un día marcado. Toda la tarde hasta la noche escuchaba el sonido de los tambores y el paso solemne de los capirotes por las calles de mi niñez. Hoy explicaba a mis hijas detalles de esa niñez y me daba cuenta de que estaba preñada de misterio frente al mundo concreto y utilitario que vivimos actualmente. Tú todavía eres un puente a ese mundo pero los niños de ahora educados ya en la falta de creencia moderna sólo podrán recordar los recuerdos que nosotros les contemos. Irremediablemente se pierde esa fuente de extrañeza que vivimos en la niñez. Por un lado era conservadora y mojigata, pero por otro lado creadora y estimulante. YO no soy escritor, sólo un modesto redactor de blog, pero puedo entender tu conflicto.
Escrito por
Joselu |
16 de abril de 2006 01:58:00 PM EST
Saludos amigos, gracias por venir por aquí.
Isa -- Con ver tus trabajos, sé que compartimos el amor por esos misterios. Pero... siento que esa parte de mi necesita de la otra, de mi raciocinio, para no perderme por ahí entre tanto misterio.
César Andrés -- si la escribiera hoy... No sé. No sé con exactitud. Me he movido de los extremos, y eso también significa que no puedo volver a la fe llana y simple. Sé que hay misterios y veo los límites de la razón, pero no me agradan muchas de las explicaciones que se usan para alegorizar esos misterios.
Joselu -- Aclaremos, eres escritor, puesto que escribes, y me inclino a decir que buen escritor. Pero, aparte de eso, necesitamos del misterio, del mito, y creo que el mito toma nuevas formas en cada época (mientras estemos aquí), aunque pase por largas sequías la humanidad. No sé si estamos en una sequía de esas, pero lo que se puede esperar después de sequía es casi inundación.
Escrito por
Víctor Manuel Ramos |
18 de abril de 2006 09:45:00 PM EST