Todos somos culpables.
Lo que queda de un niño se aplasta contra una columna de concreto y consume las migajas de un pan que se sirve del piso. Su atuendo es una camisa vieja y sucia. Es más cabeza que cuerpo. Parece un feto que deambula.
Esta es solamente una de las imágenes que me llegaron en uno de esos correos necios que le dan la vuelta al mundo. La siguiente es peor: otro niño, un africano en desnuda emaciación, succiona el recto de una vaca, como si buscara allí sustento. Otro cuadro presenta un niño empolvado que se asea con el orín de un camello. La última foto, que se presenta como ganadora de un Pulitzer, es peor. En ella se ve un buitre que espera la muerte de un niño durante la hambruna de Sudán. Dice la nota al pie (no sé si esto es cierto) que el fotógrafo se suicidó meses después de tomarla.
El propósito de esta yuxtaposición de tragedias, que se presenta como “la realidad de nuestro mundo”, es que quien la vea se sienta culpable. Porque nosotros, los que tenemos acceso a correos electrónicos y poseemos computadoras con el sistema operativo Windows (o Macintosh o Lynux, no importa); nosotros, los que nos damos el lujo de leer (y hasta escribir) blogs y beber chocolate caliente; nosotros, los que estamos enfrascados en una lucha contra la grasa en vez de la desnutrición; nosotros, los que tenemos una cama en que dormir (y en muchos casos, a alguien que nos acompañe debajo de las sábanas); nosotros, los que sonreimos; nosotros, los que vemos televisión y compramos en tiendas; nosotros, somos privilegiados y, por lo tanto, culpables de tener lo que otros no tienen.
Este pensamiento es común reclamo. Y algunos lo entienden como punto de apoyo para sostener que la existencia en sí misma no es ningún privilegio, sino que eso depende de las condiciones de vida que tenemos.
Me niego a esa lógica. No es que no me conmuevan esas realidades. No es que no me duela la injusticia. No es que no se me salgan las lágrimas ante las tragedias de nuestro mundo. Es que no veo el bien que trae el sentimiento de culpa.
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Sí, amigo Víctor, yo también he recibido correos con imágenes estremecedoras. Recuerdo uno del cadáver de una bebita en China. Estaba tirada en el suelo y todo el mundo pasaba junto a ella sin parecer afectado. Otro mostraba cómo en Irán un coche pasaba por encima del brazo de un niño que había sido detenido por robar un trozo de pan. Son imágenes espeluznantes que me causan un intenso malestar y una profunda repulsión. Quienes las envían, no sé con qué motivación lo hacen pero parecen querer explotar como dices la mala conciencia y el morbo de la situación. El mundo está muy mal hecho, es cierto, pero me niego también a recrearme con estas imágenes o a sentirme culpable por lo que reflejan. ¡Qué horror, no obstante, amigo!
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Joselu |
21 de abril de 2006 02:38:00 AM EST
Un día ves estás fotos, y decís qué bárbaridad, se te revuelve el estómago, y sufrís un rato, comentás qué podrido está el mundo, como hay una mala distribución de la riquezas, y culpas a uno y otro, gobiernos, capitalismo, humanidad toda
pero enseguida volvés a tu realidad, cómoda o no, y lo otro ya pasó, hasta que te llegué otra foto por email.
Esa es la realidad.
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MALiZiA |
21 de abril de 2006 09:01:00 PM EST
toda la realidad que nos rodea, que nos concierne ó que nos ocupa podría cambiar sí todos optamos por el sentido del amor... es triste que el dolor de otros se nos vuelva anécdota cotidiana, eso habla de que hay que fundamentar el amor, de nuevo... felicidades por tu trabajo, tu carrera, tu blog.
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soldesoles |
22 de abril de 2006 02:24:00 AM EST
No, me has tocado la sensibilidad, no conciento que le hagan cosas a los niños a los angelitos, me deprime.
En fin, te deseo un feliz dìa y espero que estès super bien.
Un abrazo afectuoso!
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Lully, REFLEXIONES AL DESNUDO |
23 de abril de 2006 11:55:00 AM EST
Saludos a todos y gracias, como siempre, por pasar por aquí.
Joselu -- hay horrores en el mundo. Por otro lado, admiro también el trabajo de los fotográfos que capturan esas imágenes por la denuncia pública que hacen. Lo que me causa espina es más bien que otros usen esas imágenes para crear un fotomontaje ideológico. Si me enviaran la imagen solamente, o se expresaran simplemente, sin tratar de crear ese sentimiento de culpa del que hablo, sino buscando alguna especie de comprensión, mi respuesta sería distinta.
Malizia -- Pues sí. Tal vez el efecto de la manipulación ideológica sea lo contrario de lo que busca, matarle la sensibilidad a la gente.
soldesoles -- Gracias por tus palabras. Vuelvo a Viktor Frankl, de quien comenté recientemente gracias a Joselu, que escribió que en uno de sus momentos de desesperación descubrió que el amores como un último recurso que siempre está a nuestro alcance, y puede salvarnos.
Lully reflexionando al desnudo -- creo que ninguno de nosotros lo consiente así porque sí, pero la realidad es que muchos niños sufren en este mismo momento. ¿Qué hacemos ante ello? En mi caso, siento la necesidad de comenzar por proteger a los niños que están a mi alcance.
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Víctor Manuel Ramos |
24 de abril de 2006 09:17:00 PM EST
Es terrible lo que cuentas. Cuando lo vemos, pasamos por alto yno nos damos ni cuenta del horror, pero cuando alguien se para a acontarlo, es estremecedor.
Gracias por recordarnos que aún somos humanos.
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Manuela |
27 de abril de 2006 02:57:00 PM EST
Hola Manuela -- es así: hay tantos horrores en el mundo que a veces nos acostumbramos a ellos.
Escrito por
Víctor Manuel Ramos |
30 de abril de 2006 10:19:00 AM EST