«Amélie», causas y efectos.
Soy de los que andan con varios años de atraso en materia de películas, porque me resisto a ver las que acaban de salir y se promueven con urgencia en los medios. Prefiero aquellas que perduran mucho más allá de sus estrenos. Por eso no vi «Amélie» cuando salió en dos mil uno — quizás el año perfecto para una película tal — aunque siempre me tentó la sonrisa pícara de su personaje principal.
El filme del director Jean-Pierre Jeunet representa una trama simple pero efectiva, y por lo tanto genial. Muestra la vida de una muchacha introvertida que, igual que todo el mundo, tiene su historial de infortunios. Vive una vida ordinaria, como mesera de un restaurante. Ella aprende, sin embargo, a jugar con el destino al descubrir un pequeño tesoro. Decide que arreglará las vidas ajenas, sin esperar de ello más que la alegría de sus actos. Y, al igual que en muchas otras películas cursis, se consuma en su vida un amor, pero la cursilería es tanta y tan desenfrenada que aquí se torna en brillantez.
La cinematografía es interesante, desde las escenas hasta la música y la extravagancia del color. Es otra razón para verla. Así que si usted es igual que yo y busca películas raras, pero de aspiraciones trascendentales, Amélie será una experiencia colorida de las causas y los efectos.
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Me siento menos avergonzado ahora que sé que no soy el único desquiciado que tiende a no ver cine de estreno por temor a descubrirme víctima del aguijoneo mediático.
Es como si ya estuvieramos hartos de comprobar que los medios no promocionan lo bueno, sino lo que paga.
Tampoco ví Amèlie, pero de tanto que me han hablado de ello estoy seguro que pasará a engrosar la lista de mis películas favoritas.
Un saludo, y feliz año.
Escrito por
LionD'Art |
1 de enero de 2006 01:26:00 AM EST