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El huracán y la luz.

Un trueno desbarató el silencio. El huracán llegó en la oscuridad como un desesperado. Quería arrancarlo todo, sacudirlo todo, salpicarlo todo. Era agua y viento. Ataladraba con ráfagas que servían para el sueño -- porque uno se rinde ante los tambores que son los techos cuando llueve.

Todo sonaba allá afuera.

Hubo un largo silencio a eso de las dos de la mañana que me robó el descanso. Miré las imágenes de los radares. Estábamos en un vacío entre dos brazos de tormenta, un vacío temporario por cierto, y a nuestra derecha se gestaba algo que asustaba. Un tornado subía por la carretera vacía, demasiado cerca, pero lo suficientemente distante como para no importunarnos.

Finalmente me entregué al sueño, y la mañana llegó como las gotas que se desgranaban en la ventana. Me acerqué y miré. Afuera las ramas se debatían y el arbolito del patio ensayaba posturas de yoga. Lo juro. Se estiraba de un lado a otro.

Pero estábamos seguros, en nuestro capullo. Me tocó salir. Abrir la compuerta, recoger el periódico que llegó sin falta, subirme a mi vehículo y recorrer las calles. A los lados se llenaban las zanjas de agua, pero todo estaba bien.

Esta noche es silenciosa. Salió el sol de la tarde como si nada hubiera pasado. Todo estaba en su lugar, aunque recién lavado. Hasta la vista misma. El cielo era demasiado claro. Los rayos del sol demasiado acaramelados. Y ahora la noche bastante oscura -- y afuera no se oye nada, casi no se mueven los árboles, nos regresa el sueño. Estamos todos resacados.



El sitio principal de este cuaderno se encuentra en http://home.earthlink.net/~crisostomo

Espero tener mas tiempo para leer tu blog, que me parece muy interesante.
Gracias por comentar el mío.
Hasta pronto.

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