Romper la crisálida.
Tomé el nombre Víctor Crisóstomo para ocultarme, pero resulta que no puedo. Primero que nada, porque no soy cobarde. Después, porque no soy ladrón. Hay otros que merecen el nombre, porque les tocó, y no tengo derecho a apropiarme de su identidad destinada – aunque ninguna identidad sea de uno, sino prestada.
Y hay uno de esos Víctores Crisóstomos del mundo que quiero destacar. No lo conozco, pero encontré sus rastros por los caminos de la red. Es Víctor Crisóstomo Gómez, un artista. En vez de pintar con las palabras lo hace con los matices que pone en su brocha y riega por el lienzo. Le gusta el azul que tiñe los últimos pedazos de la tarde; el rojo de la sangre; y aquel tono de la piel que nos recuerda el barro de la tierra. Se puede decir que este Crisóstomo es indigenista, y que tiene algo que decir, una especie de nobleza, aplastada por siglos de colonización e imperio.
De sus cuadros me gusta en particular uno. Se llama «Wings of Freedom». Alas de libertad. Representa a un guerrero que, montado sobre su caballo veloz, abre los brazos y se entrega a los colores de la vida. Esa entrega es la libertad. Es el triunfo del ser.
De mi parte, cerraré esta fase del pseudónimo, aunque no quitaré este sitio ni el grupo de lectores. Lo dejaré todo en reposo mientras trabajo en algunos escritos. Regresaré con un libro y con la disposición de ese guerrero que abre sus brazos al viento y se entrega a lo que venga, ofrendando en el proceso su alma misma. Usted puede subscribirse al grupo, o permanecer en él, para recibir aviso.
Le invito, mientras tanto, a disfrutar de los cuadros del Crisóstomo que encontré. Se encuentran en su sitio: http://www.crisostomogomez.com




Enlaces a este artículo
Crear un vínculo